¿Existen los milagros en el fútbol? Atlético volvió a tropezar, y vaya que el golpe dolió. No tanto por el rival, porque Racing es Racing, sino por la sensación que dejó el partido. El equipo avanzó, empujó, tiró centros, buscó el arco… y aun así siempre dio la impresión de estar corriendo una carrera que terminaba en el mismo lugar.
El dibujo inicial fue un 3-4-2-1. Leonel Di Plácido, Gianluca Ferrari y Gastón Suso armaron la última línea; Luciano Vallejo, Ignacio Galván, Javier Domínguez y Kevin Ortiz en la mitad de la cancha; Renzo Tesuri y Martín Benítez detrás de Carlos Abeldaño.
Atlético avanzó más de lo que atacó. Parecen sinónimos, pero en Tucumán no lo son. Las jugadas terminaron casi siempre en centros o remates que no logran romper el partido. Facundo Cambeses terminó siendo protagonista: cada intento “decano” lo encontraba bien parado.
El golpe llegó cuando Atlético parecía estar más cerca del gol. A los 34 minutos Duván Vergara armó una jugada individual, se sacó la marca de encima y definió para poner el 1-0. Fue un baldazo de agua fría.
Lo llamativo es cómo reacciona el “Decano” cuando queda abajo. El equipo parece sorprenderse con el resultado adverso, como si no supiera muy bien qué hacer con esa situación. Es raro, porque cuando enfrenta a los equipos grandes suele transformarse. Muchas veces juega como si fuera un equipo de la Premier, con intensidad y carácter.
El partido fue áspero, trabado y peleado en la mitad de la cancha. Atlético supo cerrar caminos y a Racing le costó construir. Pero cuando la “Academia” empezó a duplicar las bandas encontró espacios. Por ahí apareció Vergara y el partido cambió.
En el fondo, Ferrari tuvo una noche complicada. Lo superaron varias veces, y en una de ellas, quedó demasiado expuesto. Y a todo eso se suma otro problema que empieza a ser cada vez más evidente. Atlético no transmite seguridad en el arco. Ni siquiera los propios jugadores parecen confiar del todo en Luis Ingolotti. Del otro lado, los defensores de Racing juegan más tranquilos porque saben que atrás está Cambeses.
Y el arquero visitante lo volvió a demostrar en el segundo tiempo. A los 10 minutos Atlético tuvo una chance clarísima. Una buena jugada terminó con Tesuri frente al arco, sin arquero y con defensores tratando de llegar. Pero al entrerriano le pesó el momento y la pelota se fue a cualquier lado menos al arco.
Después empezaron los cambios. A los 16 salió Benítez, que venía de destacarse ante Belgrano pero esta vez casi no pudo aparecer. Más tarde ingresaron Ezequiel Ham y Nicolás Laméndola por Domínguez y Tesuri. A los 79 entraron Manuel Brondo y Franco Nicola por Abeldaño y Vallejo. Nada cambió demasiado.
Si Racing no brilló, Atlético fue el eclipse de la noche. No brilló ni dejó brillar. Todo quedó teñido de un tono oscuro.
A los 35 del complemento llegó el segundo golpe. Otra vez Vergara y otra vez un error defensivo. Ferrari pifió al intentar despejar, la pelota le pasó entre las piernas y le quedó servida al colombiano. Di Plácido no alcanzó a cerrar y el delantero definió.
La historia terminó de cerrarse cerca del final. Atlético fue a buscar y Racing salió de contra. Tomás Conechny corrió con espacio y habilitó a Santiago Solari, que definió sin problemas.
Del otro lado, una vez más, Ingolotti no logró transmitir la misma seguridad que Cambeses. Las comparaciones son odiosas, se sabe, pero es que el arquero “académico” dejó muy expuesto el bajo rendimiento del guardameta local.
Julio César Falcioni llegó a Tucumán y dijo en el aeropuerto que tal vez haya que poner dos micros adelante del arco para empezar a sumar puntos. Después de lo que se vio anoche, quizás necesite poner ocho.
Porque hoy Atlético parece tener una tobillera de sandías en cada pie. Y para cambiar eso, en el fútbol, a veces hace falta un pequeño milagro.